Atlas de Paisajes Vulnerables

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Artículo de Paloma Baquero Masats, a raíz del la charla impartida en la Escuela de Arquitectura Superior de Granada en el curso 2012/2013 para el Laboratorio de Territorios en Transformación.

“Crear ya no es realizar obras de emperadores sino arrojar algo de luz sobre la oprimente y obsesiva confusión del mundo”

[1] Williams Carlos Williams, pediatra de Robert Smithson y poeta.

 

 

El 30 de septiembre de 1967 el artista americano Robert Smithson recorre las afueras de Passaic documentando una serie de hallazgos que denomina ruinas al revés y considera verdaderos monumentos, ya que definen, sin pretenderlo, los vestigios de la memoria de esos lugares. Esta experiencia le lleva a plantearse que el desamparo de los suburbios se deba quizás a la pobreza de las herramientas que se usan para representarlos y a las que se acaban pareciendo, como el mapa a escala real del relato de Borges.

 Los territorios vinculados a sistemas de producción que se encuentran en las periferias de nuestras ciudades son paisajes en proceso que han sido capaces de asimilar los distintos usos y requerimientos de cada época, mostrando gran capacidad de adaptación. Esta cualidad, al contrario de ser aprovechada por las intervenciones contemporáneas, es negada por los modelos de expansión urbana que eliminan toda preexistencia para establecerse generando lugares amnésicos y desactivaciones continuas.

Evolución de un área de Vallecas, Madrid.

Dichas operaciones, que borran toda huella de lo anterior, inhiben las propiedades emergentes del sistema urbano, ya que éstas se encuentran íntimamente relacionadas con los procesos de auto-organización surgidos del continuo intercambio y acumulación de información y energía que se ha llevado a cabo a lo largo del tiempo.

 Los estratos acumulados por la historia del suelo contienen actividad, experiencias, acontecimientos locales y globales, todo aquello que configura el espesor del territorio y que los convierte en paisajes culturales, ya que ilustran evoluciones de la sociedad mucho mejor que estructuras erigidas en centros históricos que si son catalogadas y protegidas.

Estas capas de información son a menudo ocultadas o borradas por procesos de transformación de escalas temporales diversas. A los cambios instantáneos tras guerras o desastres naturales se une el fenómeno de la tabula rasa, entendida como una destrucción planificada de tejidos para sustituirlos por nuevos y genéricos productos urbanos, imponiendo una falsa memoria sobre la que allí existe, una memoria conveniente y planificada al igual que la que se implantaba a los replicantes de Blade Runner.

Pris y Roy. Fotograma de la película Blade Runner. Ridley Scott. 1982

Se hace necesario, por tanto, sustituir las actuales operaciones de borrado y ocupación sistemática de las periferias por estrategias de gestión de paisajes que promuevan otro modo de hacer ciudad; uno que la considere una superposición de sistemas en el que coexisten distintos procesos y tiempos, y no una simple sucesión de estados estables en la que cada uno elimina al anterior.

 Se podría decir que la clave para entender la realidad es medir la información que la configura, recodificándola para dar lugar a un mapa genético que pueda servir como campo de abordaje, mostrando la historia no como un recorrido lineal de acontecimientos sino como un paisaje de posibilidades en el que la memoria es un dato instrumentalizable.

 Con tal fin, cabría explorar herramientas que permitan cartografiar paisajes vulnerables registrando aspectos difícilmente visualizables o medibles con aquellas que ofrece el planeamiento urbano, revelando aspectos inadvertidos, evidenciando relaciones y dando lugar a reformulaciones. En definitiva re-conocer una realidad en transformación para poder proyectarla, indagando posibles ámbitos de acción basados en la interacción entre energías, datos y corrientes, entre las capas acumuladas y las que se superponen con las nuevas intervenciones, dando lugar a escenarios expectantes a construir de forma coherente a las historias del suelo.

 El atlas puede ser un formato adecuado, entendido como una mesa de trabajo donde recoger fragmentos de paisajes siendo, al igual Aby Warburg con su Atlas Mnemosyne, detectives de la historia cultural. Esta herramienta nos permitirá recorrer el territorio objeto de estudio, desorientarlo, reconfigurarlo, reescribirlo o, al igual que el artista Joseph Cornell que convierte con sus cajas objetos cotidianos en tesoros, coleccionarlo.

L’Egypt. Joseph Cornell. 1940

Citando a  Didi-Huberman en su libro Atlas. ¿Cómo llevar el mundo a cuestas?: “Si el atlas aparece como un trabajo incesante de recomposición del mundo, es en primer lugar porque el mundo mismo sufre constantemente descomposiciones, una detrás de otra (…) Es, pues, el tiempo mismo el que se vuelve visible en el montaje de imágenes. Corresponde a cada cual —artista o sabio, pensador o poeta— convertir tal visibilidad en la potencia de ver los tiempos: un recurso para observar la historia, para poder manejar la arqueología y la crítica política, “desmontándola” para ima­ginar modelos alternativos” [2]

La realización de un atlas de paisajes vulnerables que convierta al observador en explorador de estos territorios en transformación ofrecería la información necesaria para poder aprovechar los potenciales específicos de cada lugar, estableciendo relaciones más allá de sus límites.

Es anacrónico, ya que contiene muchos tiempos diferentes, y capaz de configurar espacios y tiempos abiertos que se relacionan en todas las dimensiones posibles y pueden recibir constantes modificaciones, constituyendo una propuesta para recorrer el lugar. Esta forma de contar el territorio habla de procesos abiertos y dinámicos, considerando la naturaleza multicapa de los tejidos y permitiendo cartografiar transformaciones y realizar experimentos e hipótesis.

A cada herramienta se le puede asignar una específica capacidad organizadora o reveladora, que el explorador podrá usar de forma estratégica para desvelar aspectos ocultos e inadvertidos, mostrando las cosas que no estamos acostumbrados a mirar, haciendo visible lo invisible y permitiendo, como decía Walter Benjamin, leer lo nunca escrito.

Es por ello que el atlas resulta en un conjunto heterogéneo de mapas, objetos y registros, variando su composición en función del lugar elegido, las circunstancias o la persona que recopila los datos, ya que la cartografía no es neutral. A continuación se explica brevemente el contenido mínimo propuesto para una buena comprensión de las situaciones detectadas, pudiendo verse ampliada, reducida o dada la vuelta en cualquier momento:

Mapa de espesor: Herramienta que saca a la luz las fuerzas ocultas del territorio, desvela y explora sus capas más profundas documentando las transformaciones y sus condiciones históricas de posibilidad.

Modelo de entropía en BITS: Maqueta que permite medir en una balanza los BITS de información que almacena cada estrato temporal mediante la asignación de materiales de distinto peso (aluminio, latón y plomo) a cada transformación. De esta forma se pueden probar decisiones e indagar sobre las causas de las condiciones y complejidad del tejido estudiado en la actualidad.

Catas: Se recolectan muestras de materiales, pequeños trozos de paisaje que permiten imaginarlo y recorrerlo o coleccionarlo.

Auscultación: Se usa el sonido como instrumento de orientación, dando lugar a paisajes sonoros que trasladan al receptor a este u otros lugares.

Regulación: Recopilación de la normativa que afecta al suelo considerado, no sólo la vigente sino toda la que lo ha contemplado, prestando especial atención a los cambios y a la totalidad del sistema ciudad.

Antipostales: Imágenes que dislocan el lugar y lo descontextualizan, a través de las que nos costaría reconocerlo, dando lugar a un catálogo de hallazgos.

Geografías subjetivas: Relatos de habitantes, viajeros y visitantes que conocen aspectos para los demás inadvertidos.

La utilización de esta herramienta como estrategia proyectual permitirá rastrear pistas y construir un marco de re-conocimiento que permita trastocar e impulsar realidades en las que coexisten distintos procesos y tiempos. De esta forma, se podrá encarar la aparente indefinición y debilidad de los paisajes productivos como escenarios físicos o literales a través de un marco de conocimiento abierto a la manipulación que los considere situaciones incompletas a reimpulsar, dando continuidad a procesos comenzados mucho tiempo atrás.

Caja de paisaje vulnerable realizada por la autora del artículo. Atlas del entorno del Cortijo del Rector, Granada.

Paloma Baquero Masats

 

Notas:

[1] WILLIAMS, CARLOS WILLIAMS. A voyage to pagany. New direction books. 1928

[2] DIDI-HUBERMAN. Atlas ¿Como llevar el mundo a cuestas? Tf editores/Museo Reina Sofía. 2010

REFERENCIAS

Una exposición:

Cartografías contemporáneas. Dibujando el pensamiento. 21 noviembre 2012 – 24 febrero 2013. Caixa Fórum, Madrid.

Una obra:

This Way Brouwn. Stanley Brouwn. 1960.

Un libro:

de Landa, Manuel. Mil años de historia no líneal. Gedisa. 2011.

Un catálogo:

Didi-Huberman, Georges. Atlas. ¿Cómo llevar el mundo a cuestas?. Tf editores/Museo Reina Sofía. 2010.

Dos artículos:

Prygogine, Ilya. Pluralidad de futuros y fin de las certidumbres. El País. 14/10/1998.

Smithson, Robert. “Entropy made visible”. The collected writings. University of California Press. 1996.

Una película:

Wes Anderson. Moonrise Kingdom. 2012

 

Paloma Baquero Masats

Arquitecta por la ETSAGr desde 2009 y máster en Proyectos Arquitectónicos Avanzados por la ETSAM en 2012.

Desde 2010 desarrolla su actividad profesional junto a Juan Antonio Serrano García, realizando proyectos entre los que cabe destacar “Escaparate Horizontal”, seleccionado en la última edición de los premios Arquia Próxima y en la tercera Bienal Iberoamericana de diseño, y Geología Rurbana en colaboración con Javier Castellano, primer premio del concurso Europan XI en el emplazamiento de San Bartolomé, Lanzarote.

 


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Laboratorio de Territorios en Transformación es un proyecto de innovación docente de la Universidad de Granada.

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