El patrimonio fértil_ Un proyecto para el TH1 desde la Badía de Salobreña

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La Costa Tropical posee en la playa de Salobreña uno de sus enclaves más singulares, un paisaje cargado de contenido. Se ubica en la zona comprendida entre la peña dominada por el castillo medieval de Salobreña, los suelos turísticos de la zona sureste, el núcleo de población de La Caleta-La Guardia y la playa del Peñón. Este lugar, ligado tradicionalmente al cultivo de la caña de azúcar, ha constituido uno de los espacios más representativos del litoral granadino como espacio vinculado a la actividad agro-industrial. La presencia cercana de una de las azucareras más importantes de la costa granadina; la Fábrica de Azúcar del Guadalfeo,[1] nos ayuda a acercarnos a las múltiples dimensiones de este paisaje, un espacio productivo y a la vez producto de complejos procesos de transformación. Durante el año 2007, la caña de azúcar dejó de ser cultivada y la Fábrica paró su maquinaria. Algunos años antes de que esto ocurriera, el Plan General del año 1999-2000 ya había clasificado esta zona como Suelo Urbanizable con uso Turístico Hotelero con el objetivo de construir cuatro hoteles de cinco estrellas, constituyendo lo que todavía sigue denominándose Unidad de Ejecución Sue-TH1. Un suelo todavía en espera…

Fig. 1 El cultivo de la caña de azúcar en el mundo, año 2000

Fig. 2 Vista de la Azucarera del Guadalfeo en 1960

Esta propuesta nace a partir de un encargo de la Oficina del Plan General de Salobreña, en la que trabajé desde 2005 a 2007; el objetivo: la integración paisajística de un sistema de urbanización capaz de servir a los establecimientos hoteleros. Era necesario integrar las vías de comunicación y el área de descanso de la playa pero ignorando cómo serían los hoteles. ¿Tiene sentido integrar en el paisaje un sistema viario siendo conscientes de que la mayor parte de este espacio sería vaciado?

Integración paisajística, concepto confuso y objeto de supervisión por parte de los organismos que velan por el patrimonio… En verdad, la única protección que este espacio tiene es la que le confiere su proximidad al Bien de Interés Cultural del Castillo de Salobreña[1], ninguna consideración patrimonial sobre sus cualidades intrínsecas. Se trata, por tanto, de una protección un tanto difusa, ambigua… Es preciso encontrar claves y guías para el proyecto de arquitectura en este tipo de paisajes sujetos a operaciones de borrado,  comprender qué fuerzas intervienen en la transformación de este paisaje, qué dinámicas modifican este espacio vivo. Es posible descubrir en él contenidos patrimoniales útiles para construir la ciudad venidera; crear una estrategia capaz de enlazar con los procesos de formación y sus significados, llevar a cabo una operación de continuidad que sea capaz de transformar este espacio sin perder sus contenidos, en ocasiones recuperándolos, en otras haciéndose  transparente a ellos, en otras intensificándolos.

Las crisis estructurales que afectaron a la caña de azúcar ayudan a entender el proceso de micro-parcelación que este espacio ha ido sufriendo por parte de sus propietarios, originando un paisaje de especial geometría: un tapiz vegetal, un mosaico de cultivos a diferentes alturas. En realidad, pese a su innegable belleza,  se trata de un espacio cuyo valor se encuentra más allá de sus formas y productos, reside en su carácter vivo y dinámico, humanizado y productivo, dependiente siempre de la actividad  vinculada al aprovechamiento del suelo.  Una de las cualidades más importantes y permanentes en este lugar es su vinculación a la actividad humana, el clima subtropical que lo caracteriza, el suelo y las técnicas de adaptación que han permitido la continuidad de su fertilidad. Esta condición permite afirmar que su forma de tapiz es resultado de procesos más amplios y nos permite acercarnos a su historia, desvelar sus dinámicas de cambio. Más que la conservación de un cultivo concreto, lo que daría lugar a un espacio congelado en el tiempo, la fragmentación del paisaje, sus infraestructuras para la regulación hídrica, la compatibilidad con otros productos[2], la alternancia y su fertilidad constituye aspectos que han permanecido a lo largo de los siglos, una realidad heredada de antiguas estrategias de origen islámico.  Sobre esta idea de topografía vegetal, compatible y diversa, sobre esta idea de fertilidad se plantea el proyecto de los hoteles, permitiendo encontrar un lenguaje arquitectónico propio y un sistema de producción que permite compatibilizar la explotación hotelera con la actividad agrícola.

El proyecto registra todo lo que se encuentra, estudia los procesos y los hace visibles. Superpone caminos rurales y vías rodadas; acequias  y zonas de agua para el turismo, cultivos y espacios libres para el esparcimiento…, indicando una forma de enlazar tiempos y producir continuidades operativas. La realidad cultural y productiva impregna cada metro cuadrado de suelo en cultivo, por eso todo elemento que se introduce comprende esa realidad y la asume, a la vez que la transforma y enriquece. Edificaciones, nuevas vías de comunicación, aparcamientos, zonas verdes, zonas de ocio, espacios libres privados y públicos, equipamientos e infraestructuras se impregnan de la realidad subyacente y compleja, introduciendo valores sustanciales de los espacios previos al planeamiento y a su vez,  aportando elementos que satisfacen nuevas necesidades. Este hecho convierte al proyecto en un fenómeno que acerca infraestructuras agrícolas y urbanas, entendiendo ambas como verdaderas estructuras del paisaje.

Fig. 3 Estrategia de superposición. Nuevo sistema rurbano

Fig. 3 Estrategia de superposición. Nuevo sistema rurbano

 En este proceso de registro, el proyecto busca otras claves espaciales que puedan resultar útiles para el desarrollo de la nueva arquitectura… Y la búsqueda se realiza rastreando formas de ocupación, de técnicas de construcción, hábitos y estrategias de habitación. En esta búsqueda, encontramos que la actividad turística ya pertenece a la historia de este lugar. Durante la primera mitad del siglo XX ya había comenzado a desarrollarse una actividad semi-turística en la Badía, originando lo que más tarde se convertiría en una suerte de alojamiento turístico temporal de carácter rural, un alojamiento en un primer momento vinculado a la explotación agrícola y posteriormente a una actividad turística informal. Se trata de las aún existentes chozas, construidas con cañavera.[1]  El fenómeno de la choza de alquiler puede ser visto como un primer estadio de integración productiva, un posible germen de formas de ocupación evolutivas[2], formas que el planeamiento no tarda en eliminar de raíz o, en otros casos, en fosilizar. Las “chozas”, adaptadas climáticamente al entorno, han permitido crear una cultura que asumen las inundaciones provocadas por las mareas como algo natural en este espacio, integrando medidas estructurales y constructivas resistentes a los temporales.  Pero estas arquitecturas efímeras, lejos de constituir objetos inertes, están sometidas a un ciclo de destrucción y construcción continua, lo que obliga a dirigir la atención a los procesos, a los sistemas de adaptación más que a las formas. La nueva arquitectura aprende de estas estrategias y construye un lenguaje propio, interpretando estas arquitecturas filtrantes, creando una tecnología híbrida para sus envolventes, elevándose para permitir el paso del agua, cuando lleguen las mareas de diciembre.

Fig. 5 Chozas de ocupación turística en el año 2010 (sistema practicado desde 1890).

Fig. 6 Interpretación de estrategias de adaptación.

En la Badía[4]de Salobreña es posible encontrar rasgos y cualidades paradigmáticas capaces de suscitar una reflexión más amplia sobre el concepto de patrimonio. Aquí se hacen visibles ciertos conflictos entre el crecimiento de la ciudad y los paisajes agrícolas que encuentra a su paso, evidenciando una creciente competencia espacial entre el sector agrícola y el turístico. Si estudiamos sus contenidos culturales y anticipamos el resultado de su eliminación, desvelamos con claridad la necesidad de explorar otros caminos, distintos a los que recorremos con frecuencia. Éstos suelen llevar a cabo un borrado sistemático, una suerte de tabula rasa, que suele conducir a modelos urbanos pobres, monofuncionales, importados,  trasladados desde otros espacios ajenos sin ningún proceso de adaptación, desprovistos de raíz y desvinculados o ciegos ante las dinámicas de formación del paisaje y sus condiciones.

La carencia de una verdadera reflexión sobre el significado del paisaje agrícola periférico a la ciudad, sobre su condición de espacio depositario de contenidos patrimoniales,  nos llevará una vez más a la eliminación de todo rastro o huella de su pasado, al vaciado de dichos contenidos hasta convertirse en un espacio urbanizado. Propongo una mirada sobre este paisaje latente que atienda a presencias y ausencias, a formas y contenidos, a elementos y procesos. Sobre los territorios periféricos en espera podemos ampliar nuestra idea de patrimonio para que la ciudad recuerde de dónde procede, para que pueda recuperar los signos y las señales que la sostienen, para que vuelva a recorrer los caminos que la llevaron a su fundación.

Fig. 7 Panorámica de integración paisajística entre los 4 hoteles y el medio agrícola de cultivos subtropicales Fig. 8 Estado actual del sector. Proceso de abandono de la actividad agrícola y recuperación espontánea debido a la paralización del desarrollo. Las condiciones de fertilidad presente en este suelo llevan a la recuperación del cultivo mediterráneo mientras espera su urbanización.

 

Javier Castellano Pulido
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Notas:
[1] También llamada Nuestra Señora del Rosario.
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[2] Este espacio pertenece al entorno del BIC. El hecho de que pueda ser observado desde el Castillo obliga a que las intervenciones que sean llevadas a cabo cuenten con la aprobación de la Delegación de Cultura. Es precisa una “integración paisajística” de la propuesta en este lugar.
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[3] Es el caso de la alternancia con el cultivo de hortalizas, para recuperar la fertilidad del suelo.

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[4] La cañavera crece de forma espontánea en las riberas de los ríos, es utilizada también para los vallados de las parcelas. Atada formando manojos permitía utilizarlas como estructura y piel de los cobertizos, aperos o de lugares para guardar las embarcaciones pesqueras.

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[5] Se ha comprobado con el paso del tiempo que cuando un sector productivo ejerce una presión sobre un suelo, de forma paulatina se van originando comportamientos transitorios que ofrecen una serie de respuestas hibridas, fuera de toda norma, que indican de alguna manera el destino próximo de ese suelo.

[6]Badía, deformación del término “Bahía”.

 

Referencias :

Holt,Nancy; Leider,Phlip; LeWitt,Sol  Writings of Robert Smithson : essays and illustrations 1979, vii, 221, New York University Press, New York

 

Hunt,John Dixon, Greater perfections : tha practice of garden theory.  2000, 273, Thames and Hudson, London

 

Mata Olmo,Rafael, Agricultura, paisaje y gestión del territorio. 2004, 14, 97-137, Revista de geografía

 

Marot,Sébastien; Pla,Maurici. Suburbanismo y el arte de la memoria. 2006, 6, 151, Gustavo Gili, Barcelona

 

Prats,Llorenç; Duclos,Jean-Claude. Antropología y patrimonio. 2009, 171, Ariel, Barcelona

 

Rykwert,Joseph, La idea de la ciudad : antropología de la forma urbana en el mundo antiguo. 1985, 271, Hermann Blume, Madrid

 

Silva Pérez, Rocío, Agricultura, paisaje y patrimonio territorial. Los paisajes de la agricultura vistos como patrimonio.  2009, 49, 309-334, Boletín déla A. G. E


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