Habitar el paisaje

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El proyecto propuesto por el departamento de construcción de la ETSAG consiste en la creación de un asentamiento de 500 viviendas en un área de 6 hectáreas situada en la franja que queda sin edificar entre Granada y los pueblos del área metropolitana, y que ha sido ocupada en los últimos años por parques de ocio, parques comerciales, y otros programas aislados, siguiendo un modelo urbano difuso ajeno a nuestras ciudades y que da lugar a periferias especialidades caracterizadas por la descentralización de la población y el empleo.

 La pérdida de multifuncionalidad que conlleva este modelo tiene importantes repercusiones sociales, limitando la colectividad y estableciendo una ruptura con la tradición de la ciudad mediterránea, aparte de los efectos sobre el consumo desmedido de espacio y el complejo modelo de movilidad del que depende este tipo de asentamiento. Los efectos ambientales que más preocupan (contaminación, ruidos, gestión de recursos, residuos…) tienen difícil solución si no se cuestiona el sistema urbano que los produce. La propuesta establece una serie de estrategias de gestión del suelo con el fin de reflexionar sobre los procesos de ocupación de paisajes en transición y las transformaciones y tiempos posibles.

Gestión del suelo

 El solar elegido para la realización del proyecto es la plataforma de hormigón de la industria de pavimentos Jimesa, en la que existen tren grandes naves y numerosas infraestructuras de gestión de agua y recursos. Al otro lado del arroyo Barranquillo se ubica una escombrera contemplada en los sucesivos planes generales como un gran parque, parte del sistema general de espacios libres y de la red de parques periubanos previsto para la ciudad, que ocuparía los vacíos de la franja existente a ambos lados de la autovía resolviendo así el contacto entre la ciudad y la Vega o la conexión de la ciudad con los pueblos del área metropolitana.

Fig. 1. Sistema de asentamientos urbanos/Suelo no urbanizable. POTAUG

Sin embargo, tras una investigación exhaustiva del entorno se descubre que en la última revisión del PGOU se propone un cambio de clasificación del suelo de la escombrera, que pasa a ser sistema general de infraestructuras debido a su posición estratégica, considerada óptima para ubicar los talleres del nuevo metro. De esta forma, la red de parques perirubanos quedaría incompleta, sin resolver la zona norte de la ciudad.

Tras un estudio de viabilidad se concluye que la superficie y tipo de espacios disponibles en la plataforma de Jimesa podría albergar sin problema los talleres del metro, siendo las naves existentes muy parecidas a las edificacionesprevistas para los mismos.

 Por tal motivo, la primera decisión de la propuesta es recuperar las naves de Jimesa como talleres del metro y ocupar la escombrera a través de un suelo mixto de espacios libres, vivienda y otras actividades asociadas.

De esta forma, del supuesto de partida mediante el cual se destruyen la plataforma de hormigón y la naves industriales asociadas a ella para construir una urbanización de viviendas y se construyen grandes naves en la escombrera para ubicar los talleres del metro, se pasa a una opción mediante la cual las naves existentes son ocupadas por los talleres y en la escombrera se crea un parque urbano que completa el sistema de parques periurbanos y que convive con las viviendas solicitadas así como con una serie de programas que las hacen viables. No tendría sentido construir una nueva infraestructura existiendo una similar que poder reutilizar, ni la sustitución del parque por otra actividad pudiendo generar un suelo mixto donde ambas convivan.

Fig.2. Plataforma de Industria Jimesa/Escombrera. Granada

La superficie de ambos solares es prácticamente la misma, y la inserción del parque y de las actividades públicas asociadas contribuiría al aumento de densidad que se persigue, pensando en una planificación integradora con el fin de optimizar el rendimiento energético, consumir menos recursos, producir menos residuos y evitar expandirse sobre el paisaje rural, siendo entonces un modelo compacto y multifuncional capaz de dar lugar a una ciudad diversa donde las actividades sociales y económicas se solapan y donde las comunidades pueden integrarse en su vecindario.

 Se creará entonces un paisaje que pueda beneficiar a la ciudad y a los ciudadanos, sin necesidad de eliminar lo existente y construir algo nuevo sino haciendo uso de las preexistencias arquitectónicas e infraestructurales y desvelando aquellas capas que ya no son visibles y que almacenan memoria biológica, social e infraestructural sobre el territorio, con el fin regenerar la estructura de relaciones que construye el lugar, entendiendo la intervención como una nueva capa.

 El parque urbano coexistirá con los programas introducidos en el mismo y con la producción de energía necesaria para el abastecimiento del conjunto, complementándose entre sí y dando lugar a interesantes interacciones e intercambios.

Gestión de la energía

 Puede parecer que existen fuentes inagotables de energía fuera de nuestras ciudades, que nadie ve y que nos permiten una extracción ilimitada. Con el proyecto, se propone producir la energía en el mismo lugar en que se consume, consiguiendo de ésta manera transparencia infraestructural, un gasto energético fácilmente contabilizable, autoabastecimiento y autogestión de recursos.

 Con el paso del tiempo se ha perdido la relación que existía entre el hombre y la obtención de energía, el uso de los recursos del lugar y la convivencia diaria con la naturaleza tan común en las casas tradicionales mediterráneas como las casas molino, las casas cueva, las casas con huerto, etc.

En la ciudad actual se vive ajeno a los recursos del lugar. No sabemos de donde viene el agua, hacia donde van los desechos, no somos participes del proceso de reciclaje necesario y las actividades en comunidad son inexistentes. Se propone desde el proyecto un nuevo planteamiento en el que se recupere la relación del hombre con los recursos que consume, y que lo haga partícipe de la generación de energía formando parte de una comunidad activa, dando lugar a una nueva forma de convivir con el territorio.

 En el nuevo parque urbano los habitantes participarán de forma activa en la generación de energía, siendo conscientes en todo momento de la procedencia de sus recursos y colaborando en el mantenimiento de su entorno; es decir, será un lugar donde se produce la energía necesaria para la vida diaria y donde es posible observar y entender como sucede. Las fuentes de energía utilizadas serán renovables, y cada elemento utilizado para producirla será un elemento estructurarte del parque: molinos de viento, charcas de macrofitas…

 Los residuos no serán vistos como basura sino como fuente de producción energética, de forma que los actuales procesos lineales que generan residuos a partir de la producción serán reemplazados por procesos circulares de uso y reutilización en los que el parque se consumirá a si mismo en un continuo proceso de renovación. Esto dará lugar a un intercambio hombre-suelo, de forma que mientras los residuos agrícolas son utilizados para la caldera biomasa que calienta el agua disponible en las viviendas, los residuos orgánicos producidos en las mismas serán usados para el mantenimiento del parque transformados en compost. Algo similar sucede con el agua: el agua residual de las viviendas será reciclada mediante un sistema de filtro de macrofitas con un tratamiento primario que se llevará a cabo en el decantador existente en la fábrica, mientras que el agua para riego será recolectada en las cubiertas y almacenada en las charcas de pluviales.

 Se dará lugar así a un paisaje cultural, de forma que el lugar cuenta la historia de quienes viven allí y cómo lo hacen y los habitantes participan en la gestión de la energía, del parque y en la generación de actividades, siendo socios activos en lugar de clientes pasivos. Cada usuario tendría asignado un coeficiente de productividad (producción/consumo), entendiendo las viviendas no ya como centros de consumo sino como centros de producción y reciclado

 

 Gestión del paisaje

 La propuesta consiste en habitar este parque estudiando la capacidad de la arquitectura para poner en valor y activar el territorio en el que se asienta, reflexionando sobre la relación de las formas de habitar[1] con la historia del suelo y sus cambios. Mas que de construir una urbanización de viviendas, el proyecto trata de gestionar el paisaje en el que se ubica a partir de la inserción de ciertos programas, entendiendo la intervención como una necesaria generación de sucesos que pueda producir continuidades espaciales y temporales que contribuyan a la conservación y el mantenimiento de las redes preexistentes (naturales, sociales y físicas) y a su vez genere nuevos ámbitos de oportunidad.

 Es vital, entonces, conocer la historia del suelo del paisaje a intervenir, por lo que a través de fotografías y planos históricos se trata de revelar capas anteriores que se han ido desdibujando con el paso del tiempo y en este caso el vertido de residuos. Se recupera con la propuesta la trama agrícola anterior reformulando el territorio para dar lugar a un espacio superpuesto al medio natural ya modificado, entendiendo el proyecto como una nueva capa que se implanta interactuando con las preexistentes.

Fig. 3. Fotografías históricas de la zona. 1940, 1956, 1991, 1995, 1998, 2004 y 2007.

En el año 1956 existía una trama agrícola definida en el solar, cuyas líneas son aún legibles en algunos puntos, que es restaurada para crear el parque.

 

Tiempos del proyecto

La ocupación del parque por parte de los programas urbanos se llevará a cabo en diferentes fases, asumiendo las sucesivas transformaciones del territorio a lo largo del tiempo, dadas por el propio crecimiento y evolución del parque. Con el fin de explicar el proceso de colonización por fases, siempre atendiendo a los tiempos del parque, se hacen una serie de hipótesis de posibles tiempos del proyecto, que se irán superponiendo para dar lugar a un paisaje propio de este lugar y de como se vive en él, constituyendo un paisaje dinámico que cambia según los ciclos de crecimiento de las especies vegetales, la época del año, el clima, y el nivel de intercambio de recursos entre los usuarios y el parque.

Habitar la chopera será una experiencia muy diferente con los chopos recién plantados, en la etapa previa a la tala o en los días de riego, cuando su parcela está completamente inundada y se accede a las viviendas a través de las pasarelas pensadas para ello.

Al igual sucederá con las viviendas en las charcas, que están más o menos llenas según el régimen de lluvias del respectivo año o la producción de agua residual por parte de las viviendas, que en su última fase de depuración es almacenada en las charcas de macrofitas.

Fig. 4. Hipótesis de crecimiento. 2010, 2015 y 2030

Los tiempos del proyecto vendrán dados por la configuración y evolución del parque, que podrá ser ocupado en determinados momentos. Por ejemplo, las viviendas en las choperas sólo podrán construirse cada 10 años, coincidiendo con la tala de la plantación.

Así, estas ocupaciones darían lugar a una reformulación del territorio que entiende el paisaje como una superposición de capas y nos permite hablar de tiempos del proyecto, dando lugar a una relación con el territorio diferente en cada caso, reconocible y propia de cada lugar.

Tras 2030, año en que se considera que la máxima ocupación del parque sería alcanzada, el parque seguirá transformándose, dada su propia naturaleza, consumiéndose a sí mismo en un continuo proceso de renovación. Las infraestructuras de producción de energía seguirán funcionando y produciendo la energía necesaria para el consumo de las viviendas, así como un excedente cuyo beneficio sería destinado al mantenimiento del parque y sus actividades.

Además, un gradiente de densidades es implantado, interponiendo sistemas de transición que fomenten la complementariedad entre densidad y parque, de forma que el tamaño y estructura de cada pieza sea traducción de su posición en el conjunto y de su propio programa.

Gestión de las actividades

 Se pretende estudiar el papel del usuario (ocasional o habitual) como socio activo en el proyecto de arquitectura, en lugar de como cliente pasivo. La generación de actividades actúa como fuente para el mantenimiento del paisaje o a veces para su descubrimiento, provocando formas específicas de convivencia con el territorio mediante estrategias de ocupación y participación.

El programa de actividades público podrá desarrollarse en los claros del parque con el apoyo de pequeñas infraestructuras, y al surgir viviendas en los mismos pasar a su planta baja, siempre de uso comunitario.

El programa presente en las torres vendrá dado por la situación de las mismas, ya que las posibles actividades están asociadas al lugar donde se ubican: huertos, campos de molinos, charcas, etc.

Los usos asociados a cada torre se podrán dividir en: uso domestico público -vivienda taller, exposición en casas-, uso doméstico semipúblico -salones, cocinas-, uso domestico privado -dormitorios y baños-, uso servicios semipúblico -programas cooperativos compartidos por vecinos (guardería, lavandería, comedor…)-, uso servicios privado -oficina, comercio- y uso equipamiento público -los dados por la ley del suelo-.

De esta manera, cada vivienda podrá clasificarse según el porcentaje de espacio compartido, la accesibilidad a equipamientos comunes y la presencia de programas extradomésticos.

El espacio público se organizará a través de tres redes superpuestas: red de tráfico rodado, red peatonal general y red peatonal secundaria superpuesta.

La red rodada bordea el proyecto y permite el acceso de los vehículos a las parcelas en las que se podrá estacionar: huertas solares y campos del molinos, la red peatonal general la constituyen el resto de caminos recuperados, de tierra mejorada, que rodean cada una de las parcelas y la red peatonal secundaria es la que atraviesa todo el proyecto dando acceso a las viviendas.

 

Estrategias de gestión de paisajes

 “Hoy queremos hablar de una nueva voluntad arquitectónica (…) Una arquitectura que no desea seguir propiciando figuras puras indiferentes sobre un fondo ausente sino catalizadores de energías: mecanismos de relación. Campos más que prismas. Una arquitectura que prefiere crear paisajes bajo el cielo más que volúmenes bajo el sol”[1]

 

Cada nueva intervención es considerada una transformación parcial del territorio, adquiriendo un carácter estratégico debido a que cualquier nuevo objeto supone una ruptura pero también una forma de interacción entre las capas que ha acumulado la estratigrafía del territorio a lo largo del tiempo y aquellas que superpone la intervención actual, considerada como una nueva adaptación del tejido. Todos los lugares contenidos en este lugar permitirán nuevas formas de conjunción de manera que el proyecto podría impulsarlo, favorecer relaciones e interacciones y desvelar el paisaje existente pero también el que podría llegar a ser.

Este es el objetivo del proyecto, que considera que añadir nuevas estructuras autistas a una ciudad en continua expansión no cambia nada, sino que es necesario territorializar lo arquitectónico con el fin de aprovechar los potenciales  específicos de cada lugar, estableciendo nuevas relaciones más allá de sus límites, multiplicando los enlaces y vínculos con otras capas, otras realidades y otras escalas.


[1]  Habitar deriva del latín habitare que significa ocupar habitualmente un  lugar.

[2] GAUSA, MANUEL. “Arquitectura reactiva. Marco proneista” Quaderns 219. 1999. Pag 9


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